jueves, 2 de julio de 2015

Aprobado general

    Tórrido mes de julio, incluso en estas latitudes septentrionales. Sigo teniendo pesadillas caniculares aunque reconozco que a partir de hoy, día mundial del aprobado, van a ser menos, o menos frecuentes. Ya saben ustedes, yo tengo tres escolares en mi casa, y de una manera o de otra todos se examinan. Hoy hemos dado ese capítulo por concluído hasta septiembre, todos aprobados, oficialmente y con papeles. Los hijos merecidamente, después de muchos esfuerzos y muchas tardes de codos gastados y de mucho forzarles la mano en varias ocasiones; que tire la primera piedra el que afirme que nunca, pero nunca, nunca ha tenido que pronunciar esta frase: "deja lo que estás haciendo, y ponte a estudiar"..."Lo que estás haciendo" es la parte que cambia con los años y el contexto histórico; "ponte a estudiar" es la parte invariable. Como en las formas verbales, raiz y desinencia.

    El padre también se examina, aunque de otra manera. Pelea con unas criaturas que son cualquier cosa menos celestiales (las nuestras) y de algunas hasta saca petroleo. Como el oficio está requetemal pagado (salvo en Finlandia) estas pobres gentes profesorales cobran en días de vacaciones, y encima tienen que aguantar las chanzas y puyas de los envidiosos que somos todos ante la gente que tiene más vacaciones que nosotros! Pues a descansar se ha dicho, que septiembre aunque parezca un horizonte lejano, se acerca más rápido cada día que pasa. 

    Con los años, echo de menos esa sensación gratificante de tener un verano por delante para no hacer nada y encima estar convencida de que me lo merezco; Ah, sí! Yo era buena estudiante, y aprobaba todo en junio, así que tuve muchos veranos en mi vida de aburrirme y mirar al techo a la vez que devoraba libros de los Cinco y veía episodios de "Curro Jiménez" por las tardes. De aquellos veranos largos y a veces hasta tediosos, donde la siesta de los mayores era sagrada y las horas de calor muchísimas,  salió la persona que yo soy, De la inactividad forzosa y obligada salió la hiperactiva turbulenta en que me he convertido. Para que ustedes vean si es importante el verano, y todas sus vacaciones!

    Es importante para que los hijos estén con los padres y los padres con los hijos, aunque a veces tengamos ganas, los hijos y los padres, de perdernos de vista para siempre al regreso de las vacaciones. Los días de asueto son importantes para descansar de la familia que se  mete demasaido en nuestra vida e incluso para reencontrarnos con la familia que no vemos nunca y echamos de menos. Las vacaciones sirven para perdes de vista al portero, al panadero de la esquina o a la asistenta que nos rompe las cosas, pero también para echar de menos el pan que compramos cada día, al portero que se ocupa de nuestros paquetes de Amazon y  a la asistenta que se ha convertido en el angel de la guarda de nuestro hogar. Las vacaciones sirven para descansar de los colegas pelmazos y de los amigos omniscientes, y también para añorar nuestra oficina, donde al fin y al cabo no pasamos tan malos ratos y a esos amigos sin los cuales ya no sabemos vivir. Las vacaciones sirven para alejarse del invierno y acercarse al sol, para espantar los malos espíritus y encontrar las almas buenas; para poner en solfa los pensamientos y escribirse largas cartas a uno mismo haciendo planes para un invierno que, inevitablemente siempre está por venir.

    Las vacaciones son un derecho social del trabajador, amén de una excelente medicina; en mi caso, la única que apacigua mi agitado espíritu. Y para disfrutar de las vacaciones, aprobado general. Los de mi casa ya lo tienen porque se lo han ganado a pulso. Servidora aun tiene que pasar unos días más para merecerlo; pero todo llega. O no?

martes, 30 de junio de 2015

Pesadillas caniculares

    Aunque parezca mentira, en estas tierras frías y lluviosas que habito, también atravesamos episodios caniculares, generalmente breves, aunque intensos; que suelen concluir con una tormenta espectacular y una bajada de diez o quince grados de golpe que nos lleva a la casilla de salida, esto es, a poner la calefacción en julio. Ahora estamos en la fase álgida; y aunque ya  sé que no llegaremos nunca a los cuarenta a la sombra de Extremadura día y noche, pero háganse una idea de treintaytantos con el noventa por ciento de humedad, el transporte público sin aire acondicionado, las oficinas llenas de grandes ventanales para que pase la luz que a menudo escasea y las casas sin persianas...Con semejantes condiciones ambientales, dormir es (valga el juego de palabras) un sueño imposible. 

    O a veces llega el sueño cargado de pesadillas, como me ocurre últimamente. Nuestra historia es la historia de nuestras pesadillas, creo poder afirmar tajantemente. Cuando era una niña la pesadilla recurrente era que los Reyes Magos se olvidaran de mi casa o que el autobús del campamento o de la excursión colegial se fuera sin mí. Un poco más adelante la pesadilla fueron las raíces cuadradas y las ecuaciones de tercer grado (que nunca conseguí resolver convenientemente) y cuando las matemáticas desaparecieron de mi vida, para alivio de mis sueños, volvieron las pesadillas de llegar  tarde a los trenes y a los aviones. 

    En mi primera edad adulta mis pesadillas las protagonizaban funcionarios en celo que una y otra vez me daban con la ventanilla en las narices por falta de un papel o una fotocopia compulsada. Después llegaron las criaturas a mi vida y las pesadillas trajeron historias de niños que se perdían en los aeropuertos (otra vez los viajes, por qué será...) o que desaparecían sin dejar rastro. Con los primeros achaques, mis pesadillas casi siempre tienen lugar en los hospitales, lugares a los que procuro acercarme lo menos posible y,  de vez en cuando me asusto en mitad de la noche viendo de cerca el rostro de alguien que con el tiempo he procurado olvidar. La lista no es muy grande así  no se me aparecen muchas esfinges no desedas, no se asusten.

   También tengo un catálogo de pesadillas intemporales, como el verme rodeada de bichos de plumas y más concretamente,  encerrada en un gallinero; o como encontrarme en un quirófano pensando que me van a rajar por algún lado sin motivo aparente. O como acudir al funeral de un amigo, algo que, por desgracia me ha ocurrido hace algunos días, aunque fuera el de una amiga  bastante entrada en años...Los amigos no tienen edad, qué caramba!

    Extrañamente, nunca he soñado con ningún tipo de monstruo marino  ni con encontrarme entre las fauces de una fiera; tampoco recuerdo haberme quedado desnuda hablando en público (parece que le pasa a mucha gente) ni con haber deseado matar a mi padre o a mi madre. Creo que a Freud  no le hubiera gustado nada como paciente. Con interpretación o sin ella, me aguardan unas cuantas noches caniculares por delante, y supongo que, con ellas un bonito catálogo de pesadillas para olvidar, las estoy esperando. Cuando  pase la tormenta y tenga que volver a encender la calefacción ya les contaré...